Centro Centroamericano de Población
Contenido

Información General

Sección especial: Obesidad y desnutrición en México Central

Volumen 6, número 2, archivo 1,  enero - junio, 2009

Descargar este artículo Recomendar este artículo

PREFACIO

La migración transfronteriza hacia Estados Unido de Norteamérica no es novedosa para algunos estados de la república mexicana como Jalisco, Michoacán, Guanajuato o Zacatecas, los que ya han establecido por más de siete décadas una relación normalizada entre las generaciones de mexicanos que ya residen en el país vecino y sus estados originarios. Sin embargo, algunas comunidades vecinas de estos estados fueron adhiriéndose a este peregrinar, consolidándose sólidas redes de migración que cada vez se expanden hacia los estados del sur donde se concentra la mayor parte de la población  pobre, campesina e indígena de México. Sin duda la migración es uno de las problemáticas que más llama la atención a los estudios rurales de México.  Por un lado se interesa el estudio del impacto de las remesas, subrayando el desarrollo local y regional, y por el otro sobre las estrategias políticas, sociales, económicas y culturales de la expansión migratoria en EUA. Si bien, en la última década poco a poco comienzan a resaltar otros temas como el de género y salud,  son muy pocos o casi nulos los estudios que se preguntan sobre el estado nutricional de los que se quedan.

Esta sección especial, intenta ligar tres problemáticas que subyacen de estos contextos de grandes cambios sociales, y que por sus transiciones epidemiológicas, se están convirtiendo en prioridad para el sector de salud pública: la desnutrición infantil, la obesidad de escolares y la coexistencia de desnutrición y obesidad en un solo hogar en  el México central.

Ahora bien, es importante describir brevemente cómo estos contextos son complejos  al observar sus procesos históricos diferenciados regionalmente, pero que a su vez  interactúan en proceso más amplios (como la globalización).

En efecto, el centro de México fue el bastión de importantes culturas indígenas que vivían hasta finales de los 70  del autoconsumo de su producción de maíz, frijoles, legumbres, frutas y en ocasiones de productos de origen animal  criados en el traspatio. Con el acelerado crecimiento urbano e industrialización del país, muchos campesinos fueron incorporándose cada vez más s a los mercados de trabajo asalariados que ofrecían las ciudades en expansión.  El tipo de migración que vivieron estas comunidades era estacional, temporal o circular y pronto formó parte de las estrategias de subsistencia campesina para una gran parte de estas comunidades,  lo que trajo consigo la incorporación del consumo de  otros alimentos procesados industrialmente. La variedad de regiones del Estado de México (circunvecino del Distrito Federal)  es un reflejo fiel de la movilidad poblacional del país.  Por su ubicación geográfica es eje de una fuerte de atracción para los emigrantes del campo que  buscan trabajo en las ciudades de México y Toluca (capital del estado de México), pero también su medio rural se percibe como un mosaico heterogéneo derivado de diferentes procesos históricos. Entre sus regiones sobresalen dos que aparentemente no se relacionan entre sí: el Sur y el Noreste. El Sur se caracteriza por agriculturas más o menos comprometidas con mercados regionales (hortofrutícolas) e internacionales (flores), y  su  migración internacional es de las más consolidados (por decir viejos) en la entidad. En cambio, en el noreste del estado se concentran la mayor parte de su población indígena mazahua y otomí, quienes se han caracterizado por ser la población más pobre del estado, con altos índices de marginalidad por su agricultura de subsistencia de (maíz, fríjol, haba), desnutrición infantil,  poca instrucción,  y en la última década, su migración interna circular comenzó a coexistir con mayor intensidad con la migración internacional.

Pese a las diferencias, ambas regiones, al igual que las del resto del país, han sufrido consecuencias estructurales  derivadas del modelo neoliberal, entre la que resalta la aceleración de los procesos de marginalización y pobreza. Pero para reducir el impacto de la liberación de los mercados agropecuarios y compensar el retiro del Estado de políticas que apoyen sus producciones campesinas, el gobierno mexicano ha  impulsado políticas sociales de corte asistencial para combatir dichos males. Así,  ambas regiones no se escapan de beneficiarse de estos programas (léase Progresa-Oportunidades “P-O”), los que bajo el mandato de la co-responsabilidad, tienen la creencia de que las transferencias monetarias directas condicionadas, aumentarían las oportunidades de su  desarrollo humano en tres componentes de bienestar social: salud, alimentación y educación. Sin embargo a una década de estos programas, y aunque no era su intención inmediata, la migración internacional masculina no redujo su crecimiento, al menos hasta antes de la crisis financiera mundial del 2008.

Ante ello, los tres estudios de caso que aquí se presentan, responden a una de las interrogantes de investigación del proyecto titulado Seguridad alimentaria  y género en condiciones de migración masculina internacional en el medio rural mexiquense; el papel de las instituciones (financiado por el fondo sectorial CONACYT-Instituto Nacional de las Mujeres 2004-2007):  ¿Cuál es el estado nutricional de las poblaciones más jóvenes campesinas que viven diferentes procesos de migración masculina internacional y que a su vez se benefician del programa P-O? Al tratar de responderla, la desnutrición y la obesidad tomaron un lugar importante en estos contextos pocos estudiados.

Debido a la complejidad de los contextos, fue necesario realizar etnografías regionales, combinando métodos mixtos (cualitativos y antropométricos) sobretodo para tratar de entender algunos comportamientos sociales que influyen en la alimentación de estas poblaciones.  El fin no es el análisis comparativo entre regiones, sino rescatar las diferencias como productos de sus propios procesos históricos y sociales, pues al comparar con datos duros se pierde el rigor comprensivo de la realidad en sus diferentes dimensiones, individuales, familiares, comunitarios, regionales, nacionales y globales. De aquí que en el Sur se estudia la obesidad en escolares ya que la desnutrición no fue percibida en el primer reconocimiento de terreno, en tanto que en el Noreste se presentan dos estudios: uno de desnutrición en preescolares, por ser un tema concurrente en los estudios de la cultura mazahua, y otro  estudio sobre la de coexistencia de  sobrepeso/obesidad (madres) con desnutrición (hijos menores de cinco años).

Ciertamente es un primer acercamiento para responder: ¿cómo  y de qué manera la migración internacional; las crisis alimentarías, energéticas y financieras; el arribo de las biotecnologías no controladas y controladas;  la liberación comercial de los productos agropecuarias; las políticas sociales asistenciales  y el retiro del Estado  en políticas de desarrollo rural, dejan huellas a veces irreversibles, en el estado general de salud de estas poblaciones?, principalmente entre los más jóvenes que diferenciados por el sexo,  sobresalen  las desigualdades sociales, de género y de las generaciones a venir.

Ivonne Vizcarra Bordi
Investigadora responsable del Proyecto
Centro de Investigación en Ciencias Agropecuarias
Universidad Autónoma del Estado de México

 Creative Commons License
Este artículo está protegido bajo licencia Creative Commons Atribución-No comercial-No Derivadas 3.0 Unported License.

[ Regresar ]