La migración
transfronteriza hacia Estados Unido de
Norteamérica no es novedosa para algunos estados de la república
mexicana como Jalisco, Michoacán, Guanajuato o Zacatecas, los que ya
han establecido por más de siete décadas una relación normalizada entre
las generaciones de mexicanos que ya residen en el país vecino y sus
estados originarios. Sin embargo, algunas comunidades vecinas de estos
estados fueron adhiriéndose a este peregrinar, consolidándose sólidas
redes de migración que cada vez se expanden hacia los estados del sur
donde se concentra la mayor parte de la población pobre,
campesina e indígena de México. Sin duda la migración es uno de las
problemáticas que más llama la atención a los estudios rurales de
México. Por un lado se interesa el estudio del impacto de las
remesas, subrayando el desarrollo local y regional, y por el otro sobre
las estrategias políticas, sociales, económicas y culturales de la
expansión migratoria en EUA. Si bien, en la última década poco a poco
comienzan a resaltar otros temas como el de género y salud,
son
muy pocos o casi nulos los estudios que se preguntan sobre el estado
nutricional de los que se quedan.
Esta sección especial,
intenta ligar tres problemáticas que subyacen de estos contextos de
grandes cambios sociales, y que por sus transiciones epidemiológicas,
se están convirtiendo en prioridad para el sector de salud pública: la
desnutrición infantil, la obesidad de escolares y la coexistencia de
desnutrición y obesidad en un solo hogar en el México
central.
Ahora
bien, es importante describir brevemente cómo estos contextos son
complejos al observar sus procesos históricos diferenciados
regionalmente, pero que a su vez interactúan en proceso más
amplios (como la globalización).
En efecto, el centro de México
fue el bastión de importantes culturas indígenas que vivían hasta
finales de los 70 del autoconsumo de su producción de maíz,
frijoles, legumbres, frutas y en ocasiones de productos de origen
animal criados en el traspatio. Con el acelerado crecimiento
urbano e industrialización del país, muchos campesinos fueron
incorporándose cada vez más s a los mercados de trabajo asalariados que
ofrecían las ciudades en expansión. El tipo de migración que
vivieron estas comunidades era estacional, temporal o circular y pronto
formó parte de las estrategias de subsistencia campesina para una gran
parte de estas comunidades, lo que trajo consigo la
incorporación
del consumo de otros alimentos procesados industrialmente. La
variedad de regiones del Estado de México (circunvecino del Distrito
Federal) es un reflejo fiel de la movilidad poblacional del
país. Por su ubicación geográfica es eje de una fuerte de
atracción para los emigrantes del campo que buscan trabajo en
las
ciudades de México y Toluca (capital del estado de México), pero
también su medio rural se percibe como un mosaico heterogéneo derivado
de diferentes procesos históricos. Entre sus regiones sobresalen dos
que aparentemente no se relacionan entre sí: el Sur y el Noreste. El
Sur se caracteriza por agriculturas más o menos comprometidas con
mercados regionales (hortofrutícolas) e internacionales (flores),
y su migración internacional es de las más
consolidados
(por decir viejos) en la entidad. En cambio, en el noreste del estado
se concentran la mayor parte de su población indígena mazahua y otomí,
quienes se han caracterizado por ser la población más pobre del estado,
con altos índices de marginalidad por su agricultura de subsistencia de
(maíz, fríjol, haba), desnutrición infantil, poca
instrucción, y en la última década, su migración interna
circular
comenzó a coexistir con mayor intensidad con la migración
internacional.
Pese a las diferencias, ambas regiones, al
igual que las del resto del país, han sufrido consecuencias
estructurales derivadas del modelo neoliberal, entre la que
resalta la aceleración de los procesos de marginalización y pobreza.
Pero para reducir el impacto de la liberación de los mercados
agropecuarios y compensar el retiro del Estado de políticas que apoyen
sus producciones campesinas, el gobierno mexicano ha
impulsado
políticas sociales de corte asistencial para combatir dichos males.
Así, ambas regiones no se escapan de beneficiarse de estos
programas (léase Progresa-Oportunidades “P-O”), los que bajo el mandato
de la co-responsabilidad, tienen la creencia de que las transferencias
monetarias directas condicionadas, aumentarían las oportunidades de
su desarrollo humano en tres componentes de bienestar social:
salud, alimentación y educación. Sin embargo a una década de estos
programas, y aunque no era su intención inmediata, la migración
internacional masculina no redujo su crecimiento, al menos hasta antes
de la crisis financiera mundial del 2008.
Ante ello, los tres
estudios de caso que aquí se presentan, responden a una de las
interrogantes de investigación del proyecto titulado Seguridad
alimentaria y género en condiciones de migración masculina
internacional en el medio rural mexiquense; el papel de las
instituciones (financiado por el fondo sectorial CONACYT-Instituto
Nacional de las Mujeres 2004-2007): ¿Cuál es el estado
nutricional de las poblaciones más jóvenes campesinas que viven
diferentes procesos de migración masculina internacional y que a su vez
se benefician del programa P-O? Al tratar de responderla, la
desnutrición y la obesidad tomaron un lugar importante en estos
contextos pocos estudiados.
Debido a la complejidad de los
contextos, fue necesario realizar etnografías regionales, combinando
métodos mixtos (cualitativos y antropométricos) sobretodo para tratar
de entender algunos comportamientos sociales que influyen en la
alimentación de estas poblaciones. El fin no es el análisis
comparativo entre regiones, sino rescatar las diferencias como
productos de sus propios procesos históricos y sociales, pues al
comparar con datos duros se pierde el rigor comprensivo de la realidad
en sus diferentes dimensiones, individuales, familiares, comunitarios,
regionales, nacionales y globales. De aquí que en el Sur se estudia la
obesidad en escolares ya que la desnutrición no fue percibida en el
primer reconocimiento de terreno, en tanto que en el Noreste se
presentan dos estudios: uno de desnutrición en preescolares, por ser un
tema concurrente en los estudios de la cultura mazahua, y
otro
estudio sobre la de coexistencia de sobrepeso/obesidad
(madres)
con desnutrición (hijos menores de cinco años).
Ciertamente es
un primer acercamiento para responder: ¿cómo y de qué manera
la
migración internacional; las crisis alimentarías, energéticas y
financieras; el arribo de las biotecnologías no controladas y
controladas; la liberación comercial de los productos
agropecuarias; las políticas sociales asistenciales y el
retiro
del Estado en políticas de desarrollo rural, dejan huellas a
veces irreversibles, en el estado general de salud de estas
poblaciones?, principalmente entre los más jóvenes que diferenciados
por el sexo, sobresalen las desigualdades sociales,
de
género y de las generaciones a venir.
Ivonne
Vizcarra Bordi
Investigadora responsable del Proyecto
Centro de Investigación en Ciencias Agropecuarias
Universidad Autónoma del Estado de México