La transición demográfica que está viviendo Costa Rica junto con casi todos los países en desarrollo, está produciendo cambios en la estructura por edades de la población, entre estos, el más importante es el envejecimiento poblacional cuya composición pasará de 6% a 21% en el 2050 (CCP, 2008). Costa Rica, al igual que otros países en desarrollo, no han tenido el tiempo para fortalecer las instituciones públicas y el sector financiero para hacer frente a este envejecimiento, como si lo hicieron las naciones industrializadas.

En general se tiende a mirar el envejecimiento de la población como un proceso catastrófico que traerá serios problemas. Sin duda que este fenómeno impone grandes retos para las instituciones del país. Sin embargo, algunos autores han identificado también efectos positivos del cambio en la estructura de la población. A estos efectos positivos se les han denominado bonos o dividendos demográficos. El primer bono se da porque el país vive una transición de una población joven a una más envejecida. El segundo bono, descubierto muy recientemente (Mason, 2005) se es el resultado de un aumento en el ahorro de las personas prontas o recién jubiladas, para cubrir las necesidades de una vida más larga después del retiro.

El estudio pionero de Coale & Hoover (1958) destacó que los cambios en la estructura por edades de la población son un mecanismo clave para el crecimiento económico, gracias sobre todo a la profundización del capital por trabajador y el aumento consecuente de la productividad. En la década de los 1990 economistas del Banco Mundial redescubren la importancia de la estructura por edades y llaman la atención sobre el bono o dividendo demográfico como factor en el despegue de las economías del Este asiático. Sus resultados mostraron que un tercio del crecimiento del ingreso per cápita de esas economías pudo deberse al bono demográáfico (Bloom & Williamson, 1998).

El trabajo fundamental de Lee (1994) formaliza con modelos matemáticos, el impacto económico de los bonos demográficos. Usa la teoría del ciclo vital del individuo y las transferencias intra- e inter-generacionales para explicar los déficit y superávit del consumo respecto al ingreso de cada persona. Mason y colaboradores (Mason, Merrick, & Shaw, 1999) se basan en estos modelos analíticos para estimar en 25% el efecto del dividendo demográfico en las economías del este de Asia. En Costa Rica, análisis preliminares han mostrado que el producto per cápita llegó a crecer hasta 1% anual, en los noventa, gracias al primer bono demográfico y que el dependiendo de las condiciones de la economía, el segundo bono explicar el 0,5% del crecimiento económico de aquí al 2050 (Rosero-Bixby & Robles, 2008).